En las navidades de 2005 visitaba grandes centros comerciales como Carrefour, Eroski o El Corte Inglés. En las secciones de adornos navideños, entre espumillones, guirnaldas y bolas brillantes se amontonaban cientos de Papá Noel. Buscando a los tres Reyes Magos, para instalarlos en mi parcela y bien visibles, no encontré ningún modelo. Al contrario, seguí descubriendo otros adornos como trineos o renos de colores, pero de camellos nada.

 

Es cierto que este es un asunto de tercer orden. No debemos dirigir nuestra vida a estos aspectos externos que incluso rozan el consumismo acentuado en estas fechas. Poner unas luces o una estrella en nuestra fachada poco importará si no es nuestro corazón y nuestro ser el que está adornado con el intenso amor que Dios nos tiene y que tenemos el derecho y el deber de repartirlo a los demás en su nombre. No debemos perder el norte emprendiendo una cruzada contra ciertos adornos navideños, pero en mi caso, que con alma de niño deseaba adornar mi casa con motivos  bien relacionados con la Epifanía, no quería cruzarme de brazos y decidí dirigir un escrito a los responsables de las tres grandes superficies comerciales mencionadas al principio. La carta puede leerse en el enlace: carta a los directores de los centros comerciales.

 

 Un propósito práctico: en Navidad, el adorno mejor cuidado será el Nacimiento

 

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