Son muchas las referencias bíblicas que muestran que el verdadero católico lleva en todas sus actuaciones la impronta de Jesucristo. Dicho de otra manera, es contradictorio llamarse católico y no ser practicante. Existen incluso refranes populares que resumen con claridad esta idea: obras son amores y no buenas razones. Y también es conocidísimo el versículo que dice que “una fe sin obras es una fe muerta”, en la Carta del Apóstol Santiago (2,17). Centrándonos en el Nuevo Testamento, leemos frases muy significativas:
“Hijitos, no amemos de palabra, y con la lengua, sino de obra y en verdad” (I Jn 3,18)
Es este un claro versículo que podría ser el resumen de esta web.
“No se enciende una candela para ponerla debajo del celemín” (Mt 5,15)
Tan absurdo es encender una lámpara y ocultar su luz bajo una cama como creer en Dios y no hacer brillar su Luz con nuestras obras, con nuestros modos de proceder, practicando con naturalidad los preceptos de la Doctrina Católica.
“Brille vuestra luz ante los hombres, de modo tal que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre del cielo” (Mt 5,16)
En este versículo no debe entenderse que tengamos que hacer buenas obras para que los demás nos vean. Debemos entender que al comportarnos como católicos (porque esta es nuestra forma de ser, sin rarezas) los demás recibirán el destello de luz que dan las buenas obras incitándoles a dar gloria a Dios.
“Así pues, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, se asemejará a un varón sensato que ha edificado su casa sobre la roca” (Mt 7,24)
Más claro imposible. La sensatez está en llevar a la práctica las enseñanzas de Jesús: ayudar al prójimo, perdonar setenta veces siete, no guardar rencor, querer a los padres, a los hijos...
“Quien quiera que diere de beber tan sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, a título de discípulo, en verdad os digo, no perderá su recompensa” (Mt 10,42)
Leemos también una parábola en la que se nos muestra una comparación entre dos hijos que tienen encomendada una tarea: uno de ellos dice que la realizará pero después no hará nada; en cambio, el otro dirá que no la va a hacer y sin embargo después la realizará. La parábola termina enseñándonos que es el segundo hijo el que realiza la voluntad del padre.
Tenemos aquí un ejemplo de lo sencillo que es llevar a cabo un catolicismo práctico: dar de beber a un pequeño. Incluso esta sencilla obra de caridad quedará premiada.
Un propósito práctico: cada día trataré de ayudar a alguien en alguna tarea