En la forma de hablar podemos mostrar eficazmente la presencia de Dios que vivimos continuamente. Por ejemplo, al llegar a nuestro puesto de trabajo podemos saludar con la forma “Buenos días nos dé Dios...”. Al dialogar con nuestros amigos podemos hablar de nuestros proyectos así: “esta tarde comenzamos el trabajo, si Dios quiere...”. Incluso al despedirnos podemos, con naturalidad, hablar de Dios: “hasta mañana si Dios quiere...”. Podemos utilizar la clásica forma “... Dios mediante.”

 

La filosofía que pretendo mostrar queda patente con estos ejemplos. Es necesario hacer presente a Dios incluso en la forma de hablar. Es probable que con esta conducta, aquellos que nos escuchan comiencen a tener un respeto por la palabra Dios y dejen a un lado, o digan con voz más baja, ciertas interjecciones blasfemas.

 

 Un propósito práctico: cada día me esforzaré en nombrar al menos una vez el nombre de Dios

 

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