En la práctica del catolicismo el uso que hacemos del dinero es importante. En el Evangelio se nos muestra la importancia que tienen las limosnas, el bien que hacemos con ellas, lo desprendidos que estamos del dinero. Tendríamos que obligarnos a ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a la Iglesia Católica en asuntos económicos, a organizaciones que dependen de ella, con una contribución semanal, mensual, etc.
Existen organizaciones a nivel internacional que funcionan con la oración y los donativos desinteresados de las personas. Un clarísimo ejemplo es Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Antes de finalizar, y para no engañarnos a nosotros mismos, consideremos y meditemos aquel pasaje bíblico que nos presenta a una mujer pobre dando todo lo que tiene.
Un propósito práctico: cada mes asignaré una parte de mi sueldo a alguna organización católica