Al
despertarte, haz la señal de
Mientras
te levantas y te vistes has de pensar que Dios está presente, que este día
puede ser el último de tu vida, levántate y vístete con toda la modestia
posible.
El
buen cristiano, acabado de vestir, ha de ponerse en la presencia de Dios y
arrodillarse, si puede, ante una devota imagen, diciendo con devoción: “Os
adoro, Dios mío, y os amo con todo mi corazón; os doy gracias por haberme
criado, hecho cristiano y conservado esta noche; os ofrezco todas mis acciones,
y os pido que este día me preservéis de pecado y me libréis de todo mal. Amén.”
Reza luego el Padrenuestro, Avemaría, Credo, y los actos de Fe, Esperanza y
Caridad, acompañándolos con vivo afecto del corazón.
Si
puedes, oye con devoción la santa Misa, visita el Santísimo Sacramento y reza
la cuarta parte del Rosario.
Antes
de ponerte a trabajar, has de ofrecer a Dios aquel trabajo, diciendo de
corazón: “Señor, yo os ofrezco este trabajo, dadme vuestra bendición.” Recuerda
la devoción del Ángelus al mediodía y reza tres
Avemarías.
Antes
de sentarte a la mesa, estando en pie, haz la señal de
Si en
algún momento adviertes que estás siendo tentado, invoca con fe los santísimos
nombres de Jesús, María y José, o reza alguna jaculatoria (breve oración como Señor, ayudadme), o haz la señal de
Durante el día es muy útil decir jaculatorias y también
ejercitarse en la mortificación cristiana, es decir, acostúmbrate a dejar por
amor a Dios algo que te gusta y acepta algo que desagrada a los sentidos o al
amor propio.
Antes
de acostarte, puesto en la presencia del Señor, reza devotamente las mismas
oraciones que a la mañana, haz un breve examen de conciencia y pide perdón a
Dios de los pecados cometidos durante el día. Antes de dormirte, haz la señal
de
Un propósito práctico: En la medida de mis posibilidades trataré de ajustarme a estas directrices