Tomando como referencia el magnífico Catecismo Mayor de San Pío X, y concretamente basándome en las preguntas que van de la 973 a la 991, me he permitido escribir un patrón de conducta diario para una persona católica. No deben tomarse las siguientes líneas como algo de obligado cumplimiento; léelas con buena voluntad y reza para que te conduzcas cada día como Dios espera de ti.

 

 

DIRECTRICES PARA LLEVAR DÍA A DÍA UNA VIDA CRISTIANA

 

 

Al despertarte, haz la señal de la Cruz y ofrece tu corazón a Dios con estas o semejantes palabras: “Dios mío, os doy el corazón y el alma mía.”

 

Mientras te levantas y te vistes has de pensar que Dios está presente, que este día puede ser el último de tu vida, levántate y vístete con toda la modestia posible.

 

El buen cristiano, acabado de vestir, ha de ponerse en la presencia de Dios y arrodillarse, si puede, ante una devota imagen, diciendo con devoción: “Os adoro, Dios mío, y os amo con todo mi corazón; os doy gracias por haberme criado, hecho cristiano y conservado esta noche; os ofrezco todas mis acciones, y os pido que este día me preservéis de pecado y me libréis de todo mal. Amén.” Reza luego el Padrenuestro, Avemaría, Credo, y los actos de Fe, Esperanza y Caridad, acompañándolos con vivo afecto del corazón.

 

Si puedes, oye con devoción la santa Misa, visita el Santísimo Sacramento y reza la cuarta parte del Rosario.

 

Antes de ponerte a trabajar, has de ofrecer a Dios aquel trabajo, diciendo de corazón: “Señor, yo os ofrezco este trabajo, dadme vuestra bendición.” Recuerda la devoción del Ángelus al mediodía y reza tres Avemarías.

 

Antes de sentarte a la mesa, estando en pie, haz la señal de la Santa Cruz y reza una oración de bendición de la mesa. Después de comer repite la señal de la Cruz y reza una oración en acción de gracias.

 

Si en algún momento adviertes que estás siendo tentado, invoca con fe los santísimos nombres de Jesús, María y José, o reza alguna jaculatoria (breve oración como Señor, ayudadme), o haz la señal de la Cruz. Si tienes conciencia cierta o dudosa de haber cometido algún pecado haz inmediatamente un acto de arrepentimiento y procura confesarte cuanto antes.

 

Durante el día es muy útil decir jaculatorias y también ejercitarse en la mortificación cristiana, es decir, acostúmbrate a dejar por amor a Dios algo que te gusta y acepta algo que desagrada a los sentidos o al amor propio.

 

Antes de acostarte, puesto en la presencia del Señor, reza devotamente las mismas oraciones que a la mañana, haz un breve examen de conciencia y pide perdón a Dios de los pecados cometidos durante el día. Antes de dormirte, haz la señal de la Santa Cruz, piensa que puedes morir esta noche y entrega a Dios tu corazón, diciéndole: “Señor y Dios mío, yo te entrego todo mi corazón; Santísima trinidad, dadme gracia para bien vivir y para bien morir; Jesús, José y María, en vuestras manos encomiendo el alma mía.”

 

 

 Un propósito práctico: En la medida de mis posibilidades trataré de ajustarme a estas directrices

 

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